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Stranger Things, la serie ciencia ficción y drama juvenil de Netflix, que desde su estreno en 2015 se ha transformado en un fenómeno cultural, está de vuelta con su tercera temporada llena de acción, humor y referencias de los 80s para recuperar a todos sus seguidores después de su inconsistente segunda temporada.

De entrada no entraré en el terreno de los spoilers ni ahondar en detalles que podrían arruinar la experiencia, trataré de centraré en los elementos narrativos y técnicos de esta nueva temporada.

En esta ocasión, los hermanos Duffer se dieron a la tarea de diseñar con mejor precisión una premisa con suficientes elementos para engancharnos en su vórtice de nostalgia. Una vez más nos encontramos de vuelta en el tradicional y pequeño pueblo de Hawkins, Indiana en el año 1985, las hormonas de la pandilla están a flor de piel y un nuevo mal hace de las suyas entre las sombras de un típico verano americano. Todas las piezas están colocadas para brindarnos una emotiva aventura encapsulada en 8 episodios.

Vayamos al grano. Los efectos especiales hacen notar el gran presupuesto con la que contó la producción en esta ocasión, son mejor logrados y amalgaman con consistencia en varias de sus escenas de acción. El diseño sonoro también tuvo una mejora notable, y la dirección sigue jugando con secuencias y tomas vistas en filmes de los 80s a los que constantemente hacen referencia. En lo artístico, el diseño de la nueva amenaza es aterrador, se siente como algo sacado del filme The Blob (La mancha Voraz). Al tratarse de un materializado pero amorfo ser, su presencia se vuelve más intimidante que el de los anteriores peligros de la serie, inclusive aquí sí se puede remarcar el hecho de que todo el pueblo se encuentra ante un peligro mortal, que a la vez sirve como un espectáculo visual, algo que suelen aprovechar la producción.

En otro plano, se agradece que las pocas cosas buenas de la segunda temporada siguen vigente aquí, la gran química que desprende la amistad entre Dustin y Steve se sigue fortaleciendo en esta nueva temporada. Por otro lado, Will sigue siendo el ninguneado por la pandilla, aún cuando su presencia ha sido de gran importancia en cada temporada, aquí solamente pide a gritos el hecho de que los años no pasen y que sigan siendo esos niños que jugaban Dungeons & Dragons en el sótano de la casa de Mike.

Hablando de Mike, y tal como mencioné al inicio de mi reseña, aquí lo tenemos en su fase más intensa de adolescente o puberto extasiado por experimentar un constante empalago de tener una relación amorosa, buscando como salida cualquier excusa para pasarse todo el tiempo besándose con Eleven. Lo cual es natural dada al tiempo en el que se encuentran dentro de la historia, era de esperarse, pero este giro en el desarrollo hace que Mike y Eleven pasen a ser los personajes menos interesantes, aclaro, por momentos.

La sorpresa de la temporada y sin temor a decirlo son los personajes nuevos, así como algunos secundarios que anteriormente no brillaban tanto como ahora. el más destacable es el personaje de Robin (Maya Hawke) la cual poco a poco se gana su lugar como la compañera de trabajo de Steve y probablemente la nueva amiga de la pandilla, aunque solamente se trate de estar envueltos en la misma circunstancia pero desde otra trama que Involucrar a rusos y cajas misteriosas en un centro comercial y demás situaciones sacadas de alguna comedia de espías y niños.

Esta tercera temporada se siente mejor planeada, más concisa con sus subtramas y con una dirección que expande el mundo del Upside Down a nuevos territorios que pudieron haber sido aprovechado en el pasado. Inclusive recuperaron esa montaje que invita a que uno decida maratonear toda la temporada sin importar la duración de sus episodios. Sin lugar a dudas, esta temporada es divertida aún cuando por momentos lleguen a abusar de los momentos de comedia, la esencia o razón por la cual muchos amamos la primera temporada está de vuelta.

Parece ser que el verano no solamente sirve para traernos bonitas historias de amor, sino que también pueden ser el escenario para revitalizar la confianza de los directores al alejarse de la sombría y fúnebre ambientación de Halloween, la cual si hubieran repetido en esta ocasión pudiera haber llegado a ser cansado y repetitivo.

Estoy seguro que muchos quisieran saber las referencias que hay en esta temporada, y prometí no hacer spoiler, pero bueno, no creo que mencionar algunos títulos hagan daño en absoluto, quizá y hasta resultan ser la pieza faltante para embarcarse en esta nueva temporada.

En esta ocasión las referencias pasan de lo obvio a lo ecléctico, algunas hasta se integran en forma de personajes. la referencial y tan querida película de The Thing hace su regreso de una forma materializada (por así decirlo y no soltar más detalles), mientras que por otro lado tenemos a un personaje que sirve como evidente sátira al T-800 de The Terminator. La comedia en esta ocasión trae un feeling muy adolescente, algo que puede ser una referencia directa a Fast Times at Ridgemont High. 

Mientras que títulos como Dawn of the Dead y Back to the Future hacen acto de presencia como parte del año en el que se desarrolla la tercera temporada, ya sea mediante una proyección o afiche en alguna pared. Para cerrar este apartado, los hermanos Duffer inclusive se dieron el tiempo para hacer autoreferencia al insertar una frase / palabra que nos remonta a un controversial episodio de la segunda temporada, como aceptando las quejas y burlas de sus espectadores y a la vez liberándose de dicho peso.

Para cerrar, Stranger Things 3 es el esperado y alegre regreso de una de las series que ha sabido ganarse el corazón de quienes hemos estado desde los primeros episodios de esta entrañable y nostálgica historia de ciencia ficción. Esta temporada es una satisfactoria amalgama de momentos divertidos, de una representación cruel y aterrador de la juventud por la que todos hemos pasado, así como la infernal transformación de un pueblo por conspiraciones y secretos sobrenaturales.

Lo único malo, es que solamente hacen que uno quiera volver a ser joven, aunque sea por un instante.

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