Evitaré entrar en inútiles adornos del por qué X-Men es una de las franquicias más importantes de la cultura popular, tampoco abordaré sus grandes logros y elementos que han definido lo que hoy en día conocemos como cine de superhéroes. Creo que muchos estamos más que bien versados respecto a todo lo que representan los mutantes y la manera en la que han cimentando su éxito en los cómics, videojuegos y otros medios de entretenimiento.

La razón primordial por la cual no quiero enaltecer esos detalles en esta reseña es porque considero que X-Men como franquicia, como saga o producto es algo que merece respeto y Dark Phoenix no es un ejemplo que deba ir junto todo lo que hay detrás de estas historias.

Una mutación con malformación

De entrada, Dark Phoenix no es la peor película de X-Men, pero tampoco resalta entre las mejores, ni mucho menos se acerca a la que logró Days of Future Past, simplemente estamos ante un medio filme que se encontraba pataleando entre sus propias inconsistencias (Jean liberó a Fénix en Apocalypse y aquí nos hacen ver que obtuvo los poderes en un percance espacial) y los cambios administrativos (la compra de Fox por parte de Disney), eso sin agregar los cambios que sufrió en el proceso (regrabaciones, recortes y cambios en su final original). Estamos ante un producto mutilado que tenía las mejores intenciones por satisfacer a sus fanáticos, pero donde solamente quedaron a la vista las fisuras y parches de promesas sin cumplir.

El filme se encarga de destruir todo el arco narrativo de origen (del canon de los filmes), se encarga de aplanar todo el potencial en el que pudo desbocar esta última película por parte de Fox. Esto lleva a que su reparto termine siendo desperdiciado por un guion que reduce a todos sus personajes a ser de una dimensión, de ser detonantes de acciones y diálogos sin verdadera consecuencias, podríamos culpar Simon Kinberg por atreverse a dirigir el filme, y digo tratar, porque es notable que estaba rodeado de buenas ideas pero que nunca supo ejecutar en pantalla, ni mucho menos pudo hacer lucir a sus actores. Y algunos dirán que debieron contratar a alguien que conociera la franquicia, pues, Kinberg ha sido productor de casi todas, así que, no se trata de alguien que no conozca el material, sino de alguien que no supe qué hacer con todo el material que tuvo a la mano.

El guion que también escribe Kinberg se encarga de adormecer al espectador con sus repetitivos diálogos, más que remarcar lo que pasa, simplemente se la pasan caminando de punto A a B de forma inconsistente y sin tener los elementos para mantener enganchado a uno.

Por momentos pareciera que estamos ante una agenda feminista que más que empoderar a los personajes femeninos los ridiculiza con innecesarios diálogos del por qué deberían cambiar el nombre de la organización o la tonta insistencia de que el poder femenino se puede expresar a través de una serie de posturas vacías, lo cual me hizo recordar el porque creo que Captain Marvel no funcionó en su intento por vendernos una idea de alguien que es fuerte por sus sentimientos y no por su fuerza. Esto podría considerarse un paso adelante a la inclusión, pero estamos hablando de los X-Men, un grupo que ya es un ejemplo de personajes que se sienten fuera de lugar o relegados de la sociedad por ser diferentes al resto de la humanidad. Simplemente no venía al caso.

Premisa sin consecuencias ni alcances

Otro factor que hizo ruido conmigo, es que Dark Phoenix pudo haber arriesgado más, pudo haber bajado unos cuantos escalones a esas poderosas ideas y situaciones de moralidad que la serie animada y los cómics abordan sin temor. Aquí prefieren darnos una película diluida que se va a la segura de forma insustancial, sosa y superficial. En ningún momento se siente que Jean Grey sea el ser más poderoso del planeta, todo se contiene a espacios cerrados de quejas, lloriqueos y cero liberación de un ser que podría poner de cabeza la idea de una fuerza cósmica e imparable.

Las actuaciones van de aceptables a desinteresadas, por ejemplo, Raven (Jennifer Lawrence) no hace ni el esfuerzo por mostrarnos la importancia de sus intervenciones por proteger a los jóvenes mutantes. En el caso de Sophie Turner como Jean Grey su personaje se inundan al igual que sus pensamientos del pasado, no se vuelve un personaje complejo, solamente es una cara seria o de simple tristeza que repele a que uno pueda entender por lo que está pasando.

En el caso de Magneto (Michael Fassbender) y Charles Xavier (James McAvoy) cumplen con darnos su mejor esfuerzo por mantener a flote este filme. Respecto al resto del elenco, solamente me queda repetir que fueron desaprovechados y relegados a ser adornos. Ni pudieron darle una digna escena a Quicksilver (Evan Peters) como en los anteriores filmes. Respecto al personaje de Jessica Chastain, (el cual olvidé cómo se llamaba en este filme), pasa sin pena ni gloria como un intento de demonio que mal aconseja a Jean Grey, es solamente un villano conveniente para que el tercer acto pueda desenvolverse.

La historia de un Fénix que nunca resurgió de las cenizas

Si tuviera que mencionar lo positivo, podría resaltar la música de Hans Zimmer, la cual entrega algunas piezas decentes. Otro elemento que es necesario mencionar es el bien logrado despliegue de efecto especiales, claro hay escenas que no se ven beneficiadas, pero la mayor parte del filme y las escenas de acción tienen buen uso de CGI. Hablando de acción, creo que lo que sí vale la pena de Dark Phoenix es su tercer acto (la escena del tren), es la única secuencia de acción atractiva de la película, aunque no es suficiente para compensar su aburrido desarrollo.

En verdad quise disfrutar este filme, tenía la esperanza de que iban hacer su mejor esfuerzo para recordarle a los fanáticos que las películas de X-Men se han diferenciado del resto del género. Podríamos pasarnos líneas y líneas de texto intentando buscar y explicar cuál fue el eslabón que ocasionó que este proyecto se estrellara sin oportunidad de liberar un rayo de esperanza de un universo más allá de lo que Disney pueda llegar a planear en el futuro.

Al final del día me duele decir que Dark Phoenix no es la película que los fanáticos se merecen ni tampoco la que quizá sus productores esperaban, yo pensaba que nos darían un cierre digno, no que terminarían enterrando la franquicia como si tratase de un penoso recuerdo del pasado.

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