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Chucky, el famoso muñeco diabólico hace su regreso a la pantalla grande con una “renovada” visión de lo que podría pasar si la tecnología no es usada como se debe y de lo que inicialmente debió ser un filme de terror slasher terminó volviéndose en una ridícula pero entretenida comedia, es en serio, hay más comedia que terror o gore en esta versión de Child’s Play.

¿Acaso fue hecha con esa intención? Bueno, creo que es necesario retomar ciertos puntos desde que se anunció en 2018. En aquel entonces se describía como una versión moderna del clásico de los 80s. Cuando se dice versión moderna, también conlleva el hecho de cambiar algunas características que definen al personaje, por lo menos en sus orígenes o forma en la que llega a ser un muñeco diabólico. 

Esto último se puede traducir con que no iba a contar con la participación del creador de la franquicia original, Don Mancini y que no iba ser distribuida por Universal Pictures. A eso le agregamos que Mancini estaba en desacuerdo con lo que Orion Pictures quería hacer con su bebé. Ya saben, diferencias creativas y todo eso que termina en malos términos (tan malos que Mancini se encuentra trabajando en una serie sobre Chucky, como respuesta esta nueva versión).

Para llenar dichos espacios, Orion optó por los servicios del director Lars Klevberg quien en 2015 se dió a conocer con su bien logrado cortometraje de terror, Polaroid y del guionista Tyler Burton Smith quienes junto a Seth Grahame-Smith y David Katzenberg (famosos por producir las nuevas películas de IT) se dieron a la tarea de dar unos giros de tuerca a la franquicia y de paso brindarle a la nueva generación un acercamiento más ad hoc del carismático y letal muñeco. Así que, sí, esta versión de Child’s Play puede ser considerada como un reinicio (reboot) de la saga.

Volviendo a la reseña, Chucky (Buddi) viene actualizado con toda la tecnología moderna que se le podría dar a una muñeco asesino, aunque aquí entra la primera ridiculez, ¿quién le daría tantas “características” a un muñeco con Inteligencia Artificial?. Pero bueno, de alguna manera tuvieron que sacarse de la manga el origen de esta semilla del mal.

Lo demás se define de situaciones en donde la tecnología les hace malas jugadas a los humanos. Así como los cambios que se dieron a nivel de producción, la voz de Chucky ya no corre a cargo de Brad Dourif, la producción quiso experimentar con la voz del actor Mark Hamill (Luke Skywalker para la banda), la cual brinda grandes frutos por las capacidades y matices que tiene el mismísimo Joker (Hamill es la voz del Joker en la serie animada de Batman y en otras películas animadas). 

Por el lado de las interpretaciones humanas tenemos a la joven promesa, Gabriel Bateman como Andy Barclay, Aubrey Plaza como Karen Barclay (madre de Andy), así como a la estrella de la serie de Atlanta, Brian Tyree Henry como el detective Mike Norris, quienes honestamente hacen un trabajo aceptable, en verdad llegan a caer bien, ya sea en las situaciones cómicas (las cuales son muchas) o por su forma tan descuidada y cliché de ser de sus personajes.

Aquí es notable que el director y el guionista no quisieron romperse la cabeza intentando darle dimensiones interpretativas a estos personajes, ya que, cumplen con ser carismáticos. Por dicha razón estoy seguro que fue algo intencional el que las actuaciones fueran así, ya sea para darle suficiente espacio a Chucky (Buddi) para interactuar y hacer de las suyas o para que las acciones de estos les llevase a caer en situaciones ridículas y así detonar las trampas.

Algo que llamó mi atención fue el elemento moral sobre la inocencia y la corrupción que puede llegar a sufrir un niño y en este caso un muñeco con Inteligencia Artificial. Sobre todo cuando es expuesto a un grupo de adolescentes que naturalmente se encuentran en una etapa caótica, violenta y mal hablada, en donde definen la diversión con el intento de sacarle provecho a la ingenuidad de un ser programado que se ve frustrado al intentar descifrar la complejidad humano sin saber vislumbrar la plétora emocional que puede llegar a ser la mal interpretación de los deseos y las palabras.

Otro elemento que salta a la vista es la crítica que a la vez sirve como sátira de lo dependiente que nos hemos vuelto con la tecnología, al punto que podría llegar a matarnos o volvernos inútiles, aunque en el filme exageran y hacen uso de cualquier accesorio para volverse creativos a la hora de salpicar la pantalla con un poco de sangre. También por ahí se intenta colar un pseudo comentario social sobre el aprendizaje de la violencia a través de los medios de comunicación, aunque un poco exagerado, pero vaya, estamos hablando de una película de un muñeco asesino, así que es aceptable.

Sin embargo, este filme en su intento por emular un estilo a veces llega a pecar demasiado de los tropos que definen al muñeco asesino. Y uno de sus más grandes pecados y que a la vez sirve como un acierto, es el darle más peso al humor, haciendo que se pierda el poco factor de terror y de gore que tenía esta franquicia en sus inicios. Pero, tomando en cuenta los tiempos en los que nos encontramos, entiendo que la actual generación ya no se sorprende fácilmente y mucho menos se asusta por la constante exposición a información y videos, lo cual estoy seguro que obligó al director y al guionista a cambiar la atmósfera del filme a algo que podría considerarse como un filme de humor negro.

Algo que me gustaría mencionar, es el hecho de que la producción se dio a la tarea de hacer uso de efectos especiales prácticos, o sea que el uso de animatronics está de vuelta, más allá de que el look del muñeco parezca la de una persona adicta al botox, en realidad llega a funcionar el uso de estas técnicas para darle vida a este desinhibido juguete que sirve a la vez como control de aparatos inteligentes tipo Google Home. Les vuelvo a recordar que ya no estamos lidiando con un muñeco poseído por el alma de un asesino serial.

Child’s Play por momentos logra ser imaginativo y en otras instancia resulta ser pésima al querer ejecutar tensión o terror, lo cual personalmente no me importa, ya que estaba totalmente entretenido con las ocurrencias de los niños y de Chucky. Eso sí, y desde ahora se hace el aviso, muchos o algunos pueden no terminar amando este nuevo concepto, no esperen las tradicionales divagaciones psicóticas que tenía el muñeco de antaño, aquí es menos ruidoso, pero a veces logra ser aterrador como el original. Pero ¡Hey! al final del día lo único que importa con este tipo de películas es el pasar un buen rato junto con los amigos o la pareja, y sin duda alguna este reinicio cumple con brindarnos una buena hora y media de carcajadas y sangre. 

Cierro estas líneas mencionando que Child’s Play es una grata sorpresa en tiempos cuando el género de terror y de la comedia se han estancado en querer tomarse demasiado en serio sus propias ridiculeces, mientras que Chucky prefiere sacarle provecho para burlarse de lo mala que es, ya que, por lo menos cumple con divertir, tal como lo debería hacer un juguete (aprende algo Annabelle).

“This is for Tupac!”

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