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Primero que nada, quiero abrir esta nota dándoles un fuerte abrazo virtual por el inicio del año, esperando que se encuentren con bien y en casa. Al fin terminamos 2020, pero por lo que hemos visto, 2021 será su versión DLC versión 2.0, remasterizada en 4K y Dolby Atmos.


Y es que eso viene a colación precisamente por lo que sucedió el 6 de enero, mientras partíamos la rosca, los estadounidenses se partían la m4dr3 entre ellos por ver quién llevará el destinos de su país por los próximos 4 años. Anteriormente, ya le habíamos dedicado unas notas al Sr. Trump y su arremetida contra las empresas de tecnología, en especial cuando aplicó ciertos impuestos y embargos, lo cual hizo que nuestro pasatiempo favorito subiera de precio (antes de que el SAT hiciera lo propio en este lado de la frontera). Hoy, volvemos a dedicarle unas palabras, pero no por gusto, o tal vez sí, un poco.


Todo comenzó con los disturbios del 6/01, en donde una muchedumbre irrumpió en el Capitolio durante la lectura del acta que daba por confirmado a Joe Biden como el nuevo presidente de los Estados Unidos. Sin embargo, la turba fue animada por tuits del aún gobernante Donald Trump, donde de manera indirecta pedía a sus seguidores a “defender la democracia”. Acto seguido, después de la tormenta, Twitter decidió censurar los mensajes de Trump y además, bloquear su cuenta por 12 horas, básicamente, por proferir mensajes de odio o información falsa sobre el llamado “fraude electoral”, lo cual demuestra que Donald no es santo de la devoción de Jack Dorsey.

En las primeras horas del día 7, Mark Zuckerberg se unió al movimiento, bloqueando las cuentas de Facebook e Instagram por al menos 13 días y posterior tiempo indefinido para asegurar que Trump no llame a sus seguidores a un boicot en la inauguración de Biden, el 20 de enero próximo. Posteriormente, se le podrá regresar siempre y cuando no la utilice para fines políticos que abonen a un nuevo clima de violencia, luego del turbulento 2020 que se vivió en la Unión Americana. Youtube hizo lo mismo, por su parte, para cortar todos los canales de comunicación del magnate inmobiliario.



Pero, ¿esto nos importa a nosotros, los pica botones que vencen dragones? Debe y mucho

Las grandes plataformas, si bien se tardaron mucho en actuar -4 años, para ser exactos- al censurar el discurso de odio de Trump, demuestran que nadie es infalible o indispensable en una red social. Que la cantidad de usuarios o seguidores y lo que eso significa para Facebook, Twitter o Youtube no son importantes si estos solo sirven para propagar un mensaje de violencia, racismo, clasismo, sexismo y demás ismos que hoy resultan totalmente anacrónicos.

En fin, le diríamos a Trump que si lo bloquean de todas partes se vaya a Twitch y haga un stream jugando Minecraft mientras construye su propio muro con cubitos, pero también lo acaban de censurar ahí.

Durante el encierro de casi todo el año pasado, pudimos ver la verdadera personalidad de muchos creadores de contenido que fueron vetados de las grandes plataformas, como Twitch, por ser promotores de racismo o misoginia, o hacer uso indebido del sitio, monetizando con contenido prohibido. Y desde luego, pagaron justos por pecadores, como Dr. Disrespect, quien fue vetado de Twitch sin explicación alguna, pese a nunca haber hecho apología a la violencia o alguna conducta negativa.

Los tiempos han cambiado, y esperamos que para bien. Los años del ‘Trumpismo’, como recordaremos, estuvieron plagados de distintos episodios de racismo en medios digitales. Y es que el usuario común, en ese momento, se sentía empoderado en poder decir lo que quisiera, si su gobernante podía hacerlo sin consecuencias. Pero hoy, las redes han dicho que es momento de detenerlo, cortando de tajo al principal promotor del mal uso de la libertad de expresión, mostrando que el infame hate speech no tiene cabida en esta nueva época ni en sus sitios.


Nosotros, como simples usuarios con nuestros poquitos seguidores, no estamos exentos de que un día “nos caiga la voladora” y seamos también bloqueados. Y es que jugar limpio no solo implica no usar cheats en el juego, sino también seguir las reglas de las plataformas donde llevemos a cabo los duelos o aquellas en las que difundamos lo que hacemos. La generación de contenido se fue a niveles impresionantes en 2020, pero luego de vivir uno de los años más turbulentos de la época moderna, lo que menos necesitamos es más odio. La luz al final del túnel se está viendo, ¿para qué echarle gasolina al fuego si podemos dejar que se apague?

Me despido de ti deseándoles lo mejor para este año, es un gusto que nos volvamos a leer. Espero que hayas comido muy rico y ahora sí, empieces la dieta. Pronto volveremos a vernos las caras más allá de una pantalla, ten paciencia. 

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